7/12/11

Ahora voy a saciarme...


"Ahora voy saciarme,  saciarme con tu esclavitud.
Agáchate, quítate la ropa en cuclillas, con dificultad. Te he pegado con el pie descalzo la mejilla; mi verga  se está calentándo bajo el pantalón.
Voy a golpearte las mejillas y la nuca con ella, voy a frotarte mi pijón por las nalgas, y para que te lo meta en el culo, tendrás que implorarme con las palabras más obscenas.
Pero primero túmbate cuan largo eres, voy a fajarte.
He apretado progresivamente la mordaza más fina hasta casi estrangularte y te he dicho: es tu collar de perro, imagínate que está cubierto de pinchos y que esos pinchos se te van a clavar en el cuello a cada señal de insumisión.
Imagínate que la sábana que voy a anudarte en torno a los huevos y la picha estará forrada con los mismos pinchos que se te clavarán en la carne siempre que me la chupes con menos ardor, siempre que tu brazo se canse de meneármela, siempre que tu culo no me aspire bastante la polla.
Quiero verte caído y suplicante, extenuado por mis golpes, ávido de castigo.
Mira esta otra mordaza que te pasará entre los dientes y te hará sangrar las encías... pero antes tengo que llenarte la boca varias veces con el paquete que se hincha y palpita en mi calzoncillo, con mi lengua y mi puño, incluso hasta el fondo de tu garganta, hasta tus amígdalas, que no podrás controlar, que estarán al servicio de mi placer.
Mi verga te atravesará de parte a parte, quiero oírte quejar, para poder hacerte callar, rellenarte la boca y el culo cada vez más, sin remisión.
Ahora extiende los brazos para que te ate las muñecas;  sé un impedido, sé un manco, voy a castigarte por esa erección que te enrojece el vientre,  voy a frotarte la base del glande, ahí donde se abre, en la punta del nervio, con un cubito de hielo.
Y no grites, el suelo bajo tu cuerpo aún está demasiado suave para ti, no es piedra lo que necesitas, lo que precisas es una placa de hierro al rojo, para que te retuerzas, para que tu cuerpo se reanime y explote, aplastado por el mío.
Voy a comerme tu piel asada, quiero que estés absolutamente en carne viva."

De la novela "Los perros" de Hervé Guibert

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