25/10/15

¡Pecado! desperdiciar la orina del Amo



Cuando el Master quiere mear, aprovecha para usar la boca de su esclavo como urinario.
Hace muy bien en advertirle a su perro que cualquier gota de meo desperdiciado en el suelo será severamente castigado.
En lugar de agradecer que su Amo le llena la panza con la dorada y caliente orina directamente salida del divino grifo,
el muy puto permite que se derrame el preciado líquido, y hasta que le salpique los pantalones al Master.
Fiel a su palabra el Amo corrige a su inútil sumiso, enrojeciéndole el culo con su grueso cinturón de cuero. 

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