Sorpresa en Santiago


Autor: Diogo


Capítulo I
Cayendo En La Trampa


Nervioso meciéndome en el vagón del metro me dirigía a la estación  donde me encontraría con Felipe. Me sentía algo incomodo porque aunque en la ciudad cada quien vive su mundo tenía la impresión de ser observado, tal vez por la vestimenta que llevaba que aunque ordinaria en cierto punto era llamativa;  llevaba puesto una pequeña chaquetita de algodón deportiva que ocultaba totalmente la camiseta sin mangas, o como les dicen también, una musculosa de color blanco, jeans ajustados y gastados con unos boquetes que el tiempo y el uso les había hecho en las rodillas y otras partes y zapatillas urbanas. 
Creo que entre los jeans ajustados y viejos y lo pequeña  de la chaqueta me hacían sentir raro, quería pasar desapercibido como un santiaguino mas y que nadie se diera cuenta de que venía de provincia, seguro estaba un poco paranoico. 
Finalmente el vagón se detuvo en mi destino y descendí  rápidamente  subí las escaleras y a la salida de la estación estaba Felipe, guapo como siempre. 

Felipe es un joven de 22 años de mediana estatura, por cierto un poco más alto que yo que soy petizo, de tez blanca y pelo negro con una nariz fina y respingada pero masculina con unas pocas pecas, de cuerpo delgado, con aspecto de niño bueno que en fotos disimulaba  mostrándose serio y en actitud desafiante.
-Hola como estas, como estuvo el viaje? me dijo sonriente.
-Bien un poco cansador…
Vamos, acompáñame a comprar unos cigarros y luego vamos al departamento de Bruno
-Ok (le respondí) así aprovecho de comprar un  agua mineral que estoy deshidratado. 

Así lo hicimos y luego de comprar, seguí a Felipe por las calles, no recorrimos mucho hasta ingresar a un alto edificio, subimos por el ascensor hasta el piso 23; al llegar y tocar, nos abrió un hombre alto de bigotes de unos 40 años  que nos invito a pasar, yo estaba un poco nervioso y sediento lo que me hacia tomar constantemente agua, el dueño de casa nos ofreció un trago que al principio rechacé, pero ante la insistencia de ambos que me aconsejaban que tomara algo para relajarme porque me veían nervioso, terminé aceptando.

Nos acomodamos en la sala y como ambos fumaban yo tomé un cigarrillo del dueño de casa.
Bruno me señaló que en su departamento se pedía permiso para tomar las cosas, y me hizo sentir muy incomodo, pero me hice el desentendido pensando que era una broma y así lo tome. 
La sala era amplia para un departamento por lo que para estar más cerca de la  conversación  y del cenicero, preferí descender del sillón y acomodarme en la alfombra sentándome sobre mis talones con las rodillas en el suelo bien separadas para estar en equilibrio y cómodo.

–Mira solito adopta  la postura de perro- 
Señaló el anfitrión con una sonrisa socarrona , seguido por la alegre afirmación de Felipe. Yo no entendía bien por donde iba la conversación y sus códigos y trataba de seguirla lo mejor que podía aunque estaba “mas  colgado que una ampolleta”(desorientado),  luego de un rato de una conversación frívola mas que nada para conocerse preguntándonos mutuamente a que nos dedicábamos y cosas por el estilo, Bruno me pidió que le sirviera un nuevo trago.
Yo accedí gentilmente, preguntando obviamente a Felipe si el igual quería otro trago, sirviéndoles a ambos, cansado de estar arrodillado sobre la alfombra y como no quise sacar otro cigarro puesto que no pretendía pedir permiso y esperaba que me lo ofrecieran, me senté en el sillón  solo frente a ambos contertulios, mi vaso seguía lleno y me inquirieron si me lo tomaría y respondí que en realidad no tenía ganas de tomar alcohol, que tenía mucha sed y prefería tomar agua, sujetando mi botella de agua mineral bebiendo de ella, me replicaron que si había aceptado tenía que tomarme el trago, que si no lo me lo tomaba por la boca, me lo bebería por el culo 
–¿Yaaaaaaaa? dije yo en tono irónico y sonriendo un tanto despectivo. Las bromas me empezaban a molestar; así seguimos conversando un rato más y me volvieron a preguntar si me lo tomaría levantándose Bruno de su sillón, lo que me intimido un poco e instintivamente respondí afirmativamente pero Bruno sigue su trayecto tomando mi vaso y llevándoselo a la cocina pese a mis protestas diciendo que si me lo bebería , enseguida  volvió nuevamente con el vaso intacto en una mano y en otra un una fuente de tamaño mediano como una ensaladera pequeña y vertió el contenido del vaso en la fuente y la depositó en el suelo, diciendo que ahora tendría que tomarla de ese recipiente, como si fuese un perro, yo estaba realmente molesto pero buscaba con la mirada a Felipe esperando algún tipo de reacción de su parte e irnos, pero a Felipe todo le parecía normal y pensé que no debía mostrarme molesto, no quería parecer un provinciano sin sentido del humor así que continué, luego de un rato conversando una vez mas Bruno me pregunta si me bebería el trago, yo ya molesto y muy serio respondí secamente que no, no lo haría de la forma que  pretendía, y él me pregunto de nuevo
-¿A no? ¿No te lo tomaras?
-Claro que no, afirme nuevamente ya no me importaba parecer provinciano ni mal humorado. Sentía que la situación ya había rebasado límites y efectivamente así había sido, pero no en la forma en que pensaba, inmediatamente después de mi respuesta se levantaron ambos de sus sillones y se me abalanzaron encima;  traté de reaccionar pero no alcancé a ponerme de pie  cuando ellos ya estaba encima mío. Les pregunté que les pasaba, que si estaban locos, pero como si no me escucharan, solo Felipe  parecía escuchar pero solo las instrucciones de Bruno que le indicaba tomarme de las piernas mientras Bruno me tomaba por las manos y me jalaba al suelo, entre ambos me arrastraron por el departamento hasta un cuarto al fondo del mismo, en tanto  yo me sacudía luchando por liberarme.

Una vez llegados al cuarto me tiraron  sobre una  colchoneta puesta sobre el suelo.
El cuarto se encontraba mal iluminado con una luz muy tenue, aproveche el breve instante que me soltaron para incorporarme a medias, porque solo logre estar de rodillas y comenzamos a luchar nuevamente entre los tres y he de confesar que me sorprendí a mi mismo la fuerza y habilidad que desplegué, porque pese a ser ellos dos  y uno mucho más grande y pesado que yo, logre ponerlos en jaque, botando al más joven  primero y al más alto después, no obstante el  más joven, Felipe, se había incorporado nuevamente y otra vez forcejeaba  con ambos; pero mientras sostenía a Felipe por el cuello, torciéndoselo  y estrangulándolo con mi brazo derecho, con el izquierdo me mantenía a distancia de Bruno.

Por fin Bruno logró tomar mis genitales con una mano y los apretó todo lo que le dieron sus fuerzas; sentí que me los reventaría y automáticamente me quede quieto.

Felipe  se liberó y ambos se incorporaron sin que Bruno me soltase  los testículos  que los presionaba con fuerza sin darme respiro y ordenó a Felipe que me amarrara, quien obedeció inmediatamente tomando una cuerdas que ya estaba dispuestas en la habitación, colocándome los brazos en la espalda amarrando firmemente la manos, tanto que al rato sentía los dedos helados, luego me hicieron acostar boca abajo y amarraron  mis pies liberándome por fin mis pobres testículos cuando ya estaba asegurado, los  que tuvieron que sufrir el castigo por mi rebeldía. 

Luego Felipe terminó su obra juntando las amarras de las manos y pies, me levantó de los cabellos con una mano mientras que con la otra se ayudaba  sujetándome y jalándome por el pecho, dejándome de rodillas frente a Bruno quien me insultaba diciéndome  
- A sí que el putito creía que podía mandarse solo y hacerme servir tragos que no se toma?,  y al terminar con la frase me retiro la vista de sus ojos de un bofetón.
Luego con mas insultos tomo mi mentón y nuevamente dirigió mi mirada a su rostro escupiéndome, cayendo su escupo entre la nariz y el labio superior, y deslizándose asquerosamente  por la comisura de mis labios desplazándose luego por mi mejilla al girar rápidamente mi rostro producto de un segundo bofetón. 

Debo confesar que después los recuerdos se me agolpan y confunden, se enredan y desordenan, pero no se olvidan… 

Asegurado como estaba, ambos sujetos me manoseaban el cuerpo quedándose Bruno con mis tetillas pellizcándolas sobre la camiseta. 
Yo trataba de soltarme pero era inútil mientras más lo intentaba más se apretaban las ataduras,  protestaba y pedía que me liberaran y de vez en cuando un quejido de dolor arrancaba Bruno de mi garganta al pellizcarme las tetillas, por lo que ordeno a Felipe  que me pusiera una mordaza.

Felipe trajo un sleep que según me dijo después lo había usado para hacer deporte .
– Abre la boca maricón!- me decía Bruno mientras me piñizcaba mas fuerte las tetillas obligándome a abrirla para dejar escapar mi alarido  que era entonces ahogado por la bola de género que Felipe formo con su sleep sudado,  luego tomo una cinta de embalaje enrollándola con varias pasadas, circundando mi rostro y nuca, sellando definitivamente mi boca. Tenía que dilatar mas las fosas nasales para poder aspirar todo el oxigeno que la agitación me  demandaba;  me tumbaron nuevamente boca abajo, yo colocaba la cabeza de lado  manteniendo mis vías de respiración despejadas que era lo que más me preocupaba en ese momento. 


 Mientras que ellos aprovechaban el tiempo para tomarse un respiro yo también había optado por dejar de luchar contra las amarras, ya que por lo bien que estaban hechas, sumado al hecho de que mientras ellos estuviesen presentes no me permitirían zafarme, era imposible quitármelas. Se reían y se burlaban de mí,  y lo más extraño mezclaban insultos con elogios hacia mi cuerpo, específicamente a mi trasero. Felipe  le comentaba a Bruno las habilidades que tenía con mi boca,  esos comentarios  lejos de complacerme me enfurecían; saber que Felipe rebelaba a este desconocido para mí, cosas que habían ocurrido entre nosotros la primera vez que estuve solo con él. 
Evidentemente no era quién yo me imaginé en un comienzo y el miedo me invadía, pero luchaba por mantenerme sereno y recuperar mis fuerzas.
                                                             
                     
     
Capítulo II
Tortura



El descanso duro poco tiempo, al rato sentí una patada en las costillas que hizo recogerme lo más que me permitían las ataduras, Felipe aprovechó  para darme vuelta nuevamente y ponerme boca arriba en una posición que hacían a las amarras  muy incomodas, luego, puso sobre mis ojos una de aquellas vendas que, según la películas, usan  los megas millonarios y rock-star  para dormir de día, y no contento con eso me colocó otra venda que en realidad era una máscara de una tela que parecía lycra.
Yo me asusté mucho,  temía ahogarme al tener la boca tapada y la nariz cubierta, pero la tela dejaba pasar el aire aunque con dificultad.

 Aun así yo me moví  con convulsiones desesperadas y mis captores entendieron; Felipe compasivo como lo conocí en el pasado, retiró la máscara  hasta dejar la nariz despejada y me calmé, pero ellos no y en la oscuridad absoluta en que me sumieron no deje de tener contacto con el mundo exterior puesto que los demás sentidos me indicaba lo que pasaba. Sabía que ya habían dejado de descansar y escuchaba sus insultos.
Sus manos me recorrían lascivamente, lo que me dió una idea de lo que querían de mí, pero el tacto no solo me trasmitía su lascivia , también su violencia; de a ratos dejaban caer sobre mi rostro  bofetadas o  patadas en mis costillas piernas y glúteos.
Mi nariz me indicó algo nuevo, después de que unas manos, ya no se de quién, descubrieran mi abdomen y pecho separando la chaqueta y subiendo mi camiseta, mi cerebro en fracción de segundos decodifico lo que entraba por mi nariz, pólvora quemada y humo, humo que se desprendía de una vela recién encendida cuya  llama emanaba el calor que entibio ligeramente una de mis tetillas al acercarla. 


El miedo me invadió nuevamente y temía ser quemado y empecé a gritar  o tratar de hacerlo, el sleep sudado de Felipe cumplía  su misión y solo roncos quejidos lograban escaparse con bajísimos decibeles desde mi mordaza que se perdían en la música que había sido puesta a buen volumen y que ahora cuando por accidente la vuelvo a escuchar me trasporta nuevamente a esa noche que comenzó con violencia y pánico y que terminó marcando mi vida para siempre. 
 
Después de una pausa sentí por fin un ardor que quemaba mi pezón derecho y aullé como perro, al rato otra gota y otra más, luego de otra pausa un hilo de esperma caliente caía sobre la otra tetilla hasta que  la lluvia caliente se dejo caer alternativamente  por todo mi pecho y mi abdomen, entremezclándose mis aullidos y sollozos con las exclamaciones de placer, satisfacción y risas de mis captores,  que parecían aumentar cada vez que me retorcía.

El punto más alto del miedo fue cuando una gota de esperma cayó en una de mis orejas, no sé si fue casual o premeditado pero el pensar que dejarían caer la cera caliente en mi rostro francamente me produjo pavor; afortunadamente después de aquello cesó, al menos por el momento, la descarga de vela derretida sobre mí, pero a continuación mis tetillas volvieron a sufrir con los dedos que las presionaban y retorcían que aunque no veía nada estaba seguro que eran los de Bruno. Él sin duda es el más sádico de los dos y el más despiadado, pero el trabajo con los dedos no duró mucho, porque rápidamente dieron paso al frío metal de un par de pinzas que mordían cada uno de mis pezones con una presión que no había sentido antes en ellos y nuevamente los aullidos se ahogaban en mi boca… Aquella mordaza que me incomodaba tanto en breves instantes agradecí tenerla puesta puesto que me protegió de algo peor que yo no quería, al sentir la humedad y el olor del precum que se deposito a las afueras de mis  fosas nasales y la parte superior del labio al deslizarse una pinga en mi rostro y ser frotada lasciva y maliciosamente, que, de no haber estado la barrera de cinta adhesiva sobre mi boca, seguramente la hubiesen restregado sobre mis labios o más incluso… pero no pasaría mucho tiempo antes de que esas defensas, me fuesen retiradas.

Lo que vino fue ser jalado de los cabellos para incorporarme. Por la forma de cómo estaba atado no pude sentarme y solo con mucha dificultad y algo de ayuda de uno de ellos, pude colocarme de rodillas, ahí me pusieron una correa en el cuello, del tipo del collar que usan los perros del cual se aprovechó Bruno para sujetarme y darme una serie de bofetadas de la nada, solo porque podía, mientras Felipe revisaba las ataduras y el estado de mis manos, percatándose lo heladas que estaban, decidió en consecuencia, cambiarme las ataduras previo dialogo con Bruno, desenrollando las sogas que me estrangulaban las manos, pero no estuvieron mucho rato libres porque enseguida me colocaron unas esposas metálicas, de las típicas que usan la policía despojándome previamente de mi chaqueta advirtiéndome  mientras me desataban que si intentaba algo, me volverían atar, más fuerte que antes (si es que se puede más fuerte), es así como terminé esposado y engrillado de pies y manos, enganchando el collar que ahora lucia mi cuello a una cadena que al parecer estaba sujeta del otro extremo al suelo o a la pared pero bien abajo, la cadena fue dejada muy tensa y me ahorcaba un poco, debiéndome esforzar por correr mi cuerpo lo más cercano a la pared, casi sacando la cabeza de la colchoneta.
También me sacaron la mordaza con bastante brusquedad, provocándome un ardor momentáneo en la piel del rostro y labios, cuando me quitaron el sleep, sentí la mandíbula desencajada y  fue bastante doloroso cerrarla, pero el gusto de tenerla así me duraría bastante poco , porque la cambiaron por otra mordaza  muy extraña, que consistía en una bola de color rojo unida o atravesada, no lo tengo claro,  a unos tirantes que parecían de goma: Se me ordenó abrir la boca y,  para evitar una nueva tortura de mis tetillas que  ya estaban siendo maltratadas por las trabas metálicas, la abrí toda, lo más que pude, así introdujeron la bola en su interior y la amarraron por detrás de la nuca con los tirantes  que llevaba. De esta forma terminé de rodillas en la colchoneta engrillado de pies y manos todo unido a la altura de los tobillos, apoyado a ella de las rodillas y rostro el cual coloque de lado como siempre para mantener libre las vías de respiración, con un collar que me obligaba estar al borde de la mencionada colchoneta, casi estrangulándome producto de lo corta de la cadena a la que estaba unida, con el culo parado y expuesto totalmente, defendido solo por las prendas que llevaba.
Esas prendas pronto cedieron porque Felipe ayudado de unas tijeras y de los boquetes que ya existían en mis jeans, se dispuso a la tarea de  cortarlo y desgarrarlo por el centro exponiendo el sleep que llevaba puesto el que igualmente fue desgarrado, a pulso en esta oportunidad, a la altura del ano y siguiendo más abajo, la rotura corría desde un poco mas debajo de la pretina hasta la zona del “paquete” o bulto que forma mis genitales. 

 
Lo que venía después era más que evidente para mi, había llegado la hora de que mi culo sirviera de divertimento para estos hombres desquiciados, pero contrario a lo que pensé no fui penetrado en ese instante, no por sus vergas al menos. Una vez expuesto se produjo un pequeño espacio de tiempo que, lejos de servirme de descanso en la posición tan incómoda en que me encontraba, me producía tensión sin saber que tramaban, o mas bien, sin saber porque no me penetraban ya, cuando un ardor recorrió toda mi espalda desnuda, por el canal que forma la columna corría un hilo de esperma caliente hasta secarse.


Dejé escapar un grito producto del dolor y la sorpresa, la esperma siguió cayendo por diversas partes de mi espalda, ascendiendo ahora en cada gota hacia la cintura ( que por la posición en que me encontraba estaba más elevada) para luego comenzar a caer por  la parte de mis glúteos que el pantalón roto dejaba ver, la tortura la soportaba estoicamente luego del susto inicial, hasta que una gota ardiente de esperma cayó justo en medio del culo en toda la entrada del ano, el dolor fue indecible y mi grito apenas mitigado por la bola roja. Las babas corrían por ella, y por mi mejilla (dependiendo de la posición en que estaba mi cabeza), al escaparse por la comisura de los labios,  para deslizarse lentamente a la colchoneta la que ya estaba bastante húmeda, junto a ellas se unieron por primera vez las lágrimas que automáticamente brotaron de mis ojos, mientras la esperma seguía lloviendo por el contorno del culo palpitante.
Así me mantuve resoplante hasta que una nueva gota cayó en una zona delicada, esta vez fue en un testículo, pero en esta ocasión  no fue solo una sino varias gotas y mis quejidos y convulsiones inundaron el cuarto, pero a  nadie le importaba, solo a mí…
  
 Nuevamente una pausa para tumbarme  de espalda y las manos de Felipe, quien es el que tiene el arte en esto, si se puede llamar así, se deslizaron por entre mis piernas para alcanzar mis genitales, colocando una cuerda en su base estrangulándolos levemente, luego cerrándose en la parte superior de la bolsa del escroto dejando los testículos bien aislados  del resto del cuerpo para finalmente colocarla longitudinalmente y separar ambos huevos quedando la piel que cubría mis gónadas muy tensa. 
Felipe me soltó nuevamente, yo sin ánimo valor ni fuerza para intentar escapar deje sumisamente que me volviese a encadenar a la cama esta vez no solo del cuello sino que también de las manos y pies quedando con las rodillas a la altura de la cara y el culo apuntando hacia el cielo, al terminar sentí algo cilíndrico como un dedo ingresar en mi pequeño orificio que aun seguía muy apretado, por lo que cualquier cosa que ingresara era sentida intensamente por mi esfínter.  


Felipe había incrustado la vela en mi culo la que seguía encendida, a la espera que la esperma se deslizara por ella y me cayera en el culo, ya que al darse cuenta que esa zona me producía mayor dolor decidieron atacarla directamente, pero como son impacientes, no esperaron a que la vela se repletara de esperma y rebalsara sola, sino que para provocar su caída empezaron a azotarme las nalgas con una correa de cuero. El movimiento propio que producía la onda expansiva que recorría mis carnes luego de entrar en contacto con la correa, unido a los brincos que el dolor me causaba hacia que la esperma se precipitara en mi ano multiplicando al agonía. 


Uno , dos, tres, múltiples azotes cayeron en mis glúteos, no todos lograban su objetivo ya que con tanto movimiento la vela no lograba juntar esperma cuando ya otro latigazo de cuero atizaba mis posaderas, por lo que ya no castigaban solo mi culo, los azotes esta vez se distribuían indistintamente por mis piernas, aunque como estas aun permanecían cubiertas por la mezclilla del desgajado jeans no eran de tanto interés para mis castigadores, que preferían la piel desnuda para azotar.

En otra de sus pausas comentaban que era el pastel perfecto para el cumpleaños de uno de ellos y me imaginaban entrando en la posición en que me encontraba en ese momento montado arriba de un carrito con la canción del cumpleaños feliz acercándome a Bruno para que este luego de pedir un deseo apagase la vela… 


Seguían las risas … me retiraron la vela del hoyo pero automáticamente cayeron los hilos de esperma sobre mi dolorida piel, culo y bolas sintieron nuevamente el ardor y mi dolor era inaguantable, y por fin lo que no había hecho en toda la noche, entre sollozos les suplique que me dejaran en paz, pero mis palabras no fueron entendidas ni escuchadas, la bola no me lo permitía y volví a pedirles piedad, esta vez gritando con todos mis pulmones y a pesar de la bola y de la voz de Bjork que cantaba con todo el volumen del equipo musical, estoy seguro que me escucharon y no solo eso, que lograron entender lo que les decía, una nueva pausa se produjo, creí que mis ruegos habían sido por fin atendidos, pero me equivoque, la cera caliente volvió a caer sobre mí, en una nueva zona que antes no había sido castigada, otra de las tres grandes zonas sensibles que esa noche pude descubrir y fue así como el ardor baño la parte inferior de mi glande, en donde está el frenillo, el cual había quedado expuesto cuando Felipe manipulo mis genitales al amarrarlos y así se quedaron, más y más y más y nuevos dolores descubría a cada paso y gritaba y gritaba y ello parecía complacerles aun más que si aguantase silencioso y sumiso sus torturas.
   


Otra breve pausa (como de 30 segundos), y a continuación un líquido frío refrescaba mis doloridas bolas y mi ardoroso culo, creí por fin  ver un gesto de humanidad en estos hombres pero una vez más me equivoque y solo lo que surgía de ellos era  sofisticación en el modo de infringirme dolor.


Después que dejaron de ser untadas  mis partes delicadas con el líquido, otro frío las recorrió, un frío metálico que a continuación me daría más ardor que la misma esperma.
Ciego como estaba solo podía llevarme por lo que los demás sentidos me indicaban pero nunca pude dilucidar lo que se venía hasta que  lo sentí… y mis testículos recibieron la primera descarga eléctrica que me hizo apretar la mandíbula rechinando los dientes.
Otra breve pausa para que rogase y una nueva descarga me fue aplicada, pero esta vez más intensa que la anterior y así con cada pausa iban subiendo la intensidad del voltaje, luego otra pausa un poco más larga solo para untarme más líquido, tiempo que  fue suficiente para que mi mente febril para esos entonces, viera con total lucidez en lo que estaba, por fin me di cuenta que aquellos hombre no pretendían violarme, de hecho, si Felipe hubiese querido sexo conmigo no hubiese tenido que recurrir a esto, bastaba que su mirada se clavara a la mía y que su piel rosase la mía para entregarme dócilmente y eso lo sabía, sabía que él me gustaba enormemente y que hubiese hecho lo que me pidiera y es por eso que aguante todas las pesadeces de su amigo hasta que fue demasiado tarde por lo que no era sexo lo que requería de mi, ni él ni su amigo y comprendí que solo buscaban causarme dolor, buscaban mis gritos de aflicción , mis suplicas ahogadas por la mordaza que de tanto en tanto escogían para mi, y me desesperé y trate nuevamente de liberarme agitándome, moviéndome y resoplando, sin conseguir nada más que lastimar mis muñecas con el roce del metal. 


Cuando por fin me hube calmado, nuevamente la descarga eléctrica cayó en mi culo empapado, convulsionándome una vez más, pero sin control,  sin voluntad, solo movido por la electricidad que entraba por mi ano mojado y recorría todos los músculos de mi cuerpo, las babas hacían espuma en mi boca y se colaban por donde podían al exterior, mis puños se cerraban y mi cuerpo se tensaba, en un instante la descarga cesó estaba hecho una sopa de babas sudor y lágrimas, demasiado extenuado para protestar, demasiado agotado para suplicar o para llorar, menos para luchar y esperando la siguiente descarga  o la siguiente tortura me deje ir y solté todos mis músculos y dejé de mascar la bola, dejé de esforzarme en tragar la saliva y con mi rostro a un costado dejé que escurriera por la comisura de mi abierta boca apozándose entre la colchoneta y mi rostro, solo deseaba descansar no deseaba más que un instante de paz. 

Luego de un intenso castigo una nueva pausa, en donde los hombres se dedicaron a ver como había quedado su obra de maltratos cera dolor y cuero, sacaron la vela e inspeccionaron mi culo, lo escupieron, reían jugaban con mis presas amarradas              

   
Capítulo III

Humillación

 Entregado como estaba, ya no había necesidad de amenazas ni precauciones, sabían que yo no  haría nada , por miedo, por cansancio o por lo que fuera ya me encontraba maduro para la siguiente fase de sus planes, aunque aún faltaba más fuego para templar su obra y convertirme definitivamente  en su juguete, ya habían maltratado lo suficiente mi cuerpo y agotado mi resistencia física, pero debían eliminar todo atisbo de voluntad de mi mente, debían también agotarme psicológicamente aunque la verdad yo creo que ya estaba vencido, pero ellos no correrían riesgos, o tal vez solo por placer… así Felipe con toda confianza me soltó la cadena, permitiendo que mis piernas cayesen sobre la colchoneta descansando por fin la espalda que me dolía atrozmente por lo prolongado de la posición, después sentándose sobre mi pecho, con las rodillas a los costados de mi cuerpo me soltó la mordaza sacándome la bola de la boca, sabía que estaba desnudo a pesar de no ver nada, porque sentía el calor de su cuerpo sobre mí, podía reconocer incluso sus suaves bolas descansando en mi pecho, lo que no duro mucho porque pronto se levantó.

-A ver  la putita alzada, parece que ya no sigues tan chúcara como en un comienzo, ¿o me equivoco?...¡¿ME EQUIVOCO MARICÓN?!”,  me grito Bruno.

-No- alcancé a susurrar
-No qué maricón?
-No te equivocas- respondí, esperando con esto satisfacer las expectativas que Bruno tenía de mi respuesta, pero un fuerte bofetón me indicó que no fue así.
-No se equivoca Señor! Perro estúpido, aprende a ponerte en tu  lugar y a responder con propiedad cuando nos hablas… ¿entendiste maraco?
-Si…si Sr- Alcancé a responder corrigiéndome a mí mismo sobre la marcha para evitar otro manotón sobre mi rostro.
-Bien maricón, así son las cosas ahora, nosotros somos tus amos, los hombre y señores de acá y tu solo eres nuestra perra, nuestro esclavo y harás todo le que te digamos  sin chistar;  de ahora en adelante tú no eres nadie, solo eres lo que nosotros queramos que seas, ¿me estas comprendiendo?
- Si, señor, entiendo -

- Bien mariconcito, vamos a ver si verdaderamente  aprendiste tu lección- 
Luego de pronunciar estas palabras Bruno puso su pie sobre mi rostro, específicamente sobre mis labios los que permanecías cerrados.
- Abre la boca maricón o te arrepentirás - El miedo y el sentido común me decían que abriera la boca y complaciera a este hombre desquiciado, pero los vestigios de humanidad y dignidad que aun quedaban en mi me lo impidieron y me resistí a separar mis labios, ya no solo lidiaba contra estos dos tipos, sino que ahora tenía que hacerlo conmigo mismo, pero algo de orgullo me ayudo a vencer mis propios temores, arriesgándome  a lo peor, pero Felipe, no sé si para acortar el tramite, o para complacer a Bruno, o tal vez por compasión y para salvarme de mi mismo  y de un castigo feroz, apretó mi nariz cortando el flujo de oxigeno obligándome a abrir la boca, lo que aprovecho Bruno para meter su pie en ella. 


- Lame!-, me ordeno secamente, yo no hacía nada pero en mi interior mis pensamientos se agolpaban y luchaban dentro de mi cabeza, 
- Lame maricón!-, volvió a ordenar Bruno y el tono sereno pero perentorio de aquella voz grave termino por vencer las débiles resistencias que mi orgullo había puesto en torno a mi voluntad pudiendo la cobardía ingresar y entronizarse dentro de mi, arriándose el estandarte de mi persona en forma de lágrima que escurría por mi sien, así, luego de una breve pausa, comencé a lamer, tal y como me lo ordenaban mis nuevos amos.  


De esta forma, estuvimos un buen tiempo, yo soportando la humillación y la repulsión que me provocaba el lamer los pies de Bruno y éste por su parte disfrutando  de las caricias que le proporcionaba mi cálida y húmeda lengua que tuvo que recorrer toda la planta del pie su empeine, sus dedos que se introducían en mi boca, su talón, todo su pie fue lavado por mis salivas, y las sonrisas de satisfacción de ambos herían mis oídos y corazón, pero  luego venia la corona  de todo, aunque a simple vista podría parecer lo menos, en consideración a todo lo que ya había padecido y me faltaba por padecer, pero lo que venía tenía un significado mayor a los hechos mismos, era lo que , al menos pensaba en ese momento, había sido el causante de todo, así Felipe llego con la fuente con alcohol que yo no había querido tomarme en su oportunidad y riéndose me preguntaron nuevamente si me la iba a  tomar y sin esperar respuesta me ordenaron abrir la boca, así lo hice, sin  protestar, depositando todo el contenido de la fuente en mi boca deslizándose por mi garganta no sin dificultad por la posición en que me encontraba, ahogándome a ratos pero procurando bebérmela toda, al terminar un par de palmadas suaves en mi mejilla sirvieron de recompensa.






Después de aquello, Felipe volvió a sentarse sobre mi por un instante para separar su cuerpo luego, levemente, mis fosas nasales que hace rato estaban dilatadas lograron sentir  su masculino aroma  y mi piel sintió la tibieza de su cercanía, esta vez la orden no fue con palabras y  el corto espacio que separaba su pelvis de mi rostro se acorto aun más,  paseando su glande húmedo por mis labios para luego empujar su verga hacia el interior de mi boca, la que  abrí una vez más, complaciente, llorando pero complaciente.



- Por qué lloras putito, no era esto lo que buscabas desde un comienzo ?, me dijo burlándose Felipe, a la vez que empujaba más y más su pene dentro de mi boca, golpeando con su punta mi garganta, asfixiándome a ratos, con la nariz tapada de mocos, los ojos de lágrimas, la boca de carne ajena dura y palpitante y mis oídos de quejidos, risas y música, esa música que siempre me evoca aquella noche.
 Posteriormente siguieron jugando conmigo, colocándome nuevamente la cadena al cuello me pusieron boca abajo con el culo parado y las manos siempre esposadas, y grilletes en los tobillos, pero esta vez me habían liberado de mordazas vendas y máscara, adopté o me hicieron adoptar la posición de cuatro sobre aquella colchoneta,  lo que vino fue sentir un  dedo húmedo juguetear por el contorno de mi estrecho ano que al poco rato ingreso con poca delicadeza, sacándome un pequeño quejido, aquel dedo salió y volvió a entrar retorciéndose en mi interior, para volver a salir y entrar más húmedo y viscoso cada vez volviendo a su vez mi esfínter también húmedo y viscoso, sabía que aquello no acabaría ahí, que estaba siendo lubricado para recibir algo más grande seguramente el miembro de alguno de ellos, seguramente no sería nada suave ni tierno, el trascurso de la jornada me indicaba que no podía esperar sensaciones placenteras esa noche y temblaba por el  miedo a ser taladrado con violencia pero no opuse resistencia, sabía que era inevitable y más miedo tenia a la reacción de ellos si mostraba algún asomo de rebeldía, pero como siempre mis temores eran superados por los acontecimientos y en vez de uno de sus miembros, introdujeron algo más grande aun sin considerar lo estrecho de mi esfínter, o tal vez si, sabiendo que mas sufriría por mi condición, lo que ya sabía le causaba placer, así en mi ano viscoso fue introduciéndose paulatinamente un duro grueso y largo cilindro, se trataba de un pepino de ensalada, la labor no fue fácil para nadie ni para mi ni para mis amos, mi esfínter inconscientemente se resistía a su entrada lo que acrecentaba mi dolor.



Felipe era el que se encargaba de trabajarme el culo, a la vez que me recomendaba que me relajara y no me resistiera, yo trataba pero aquello era demasiado grande para mi,  luego de un instante lo sacó, pensando que se daba por vencido terminando al menos aquel suplicio a la espera de que otras nuevas cosas se les ocurría hacerme, pero solo salió para ser untado con mas lubricante y volver a la carga con mas ánimo.


Los minutos pasaban y mi sufrimiento no acababa pero al parecer no era en vano porque aquella verdura fálica ya estaba casi hasta la mitad en  mi interior, pero Felipe no estaba satisfecho y siguió con fu faena hasta metérmela casi toda, yo no solo sufría por el dolor sino también por el miedo que me provocaba que el pensar que aquella cosa se terminara de ir completamente dentro de mí sin poder salir sin dificultad en forma natural. 


Una vez que el pepino se alojó todo lo que Felipe esperaba que estuviera en mi interior, me obligó a mantenerlo así un instante sin dejar que se escurriera al exterior, debiendo mantener apretado el esfínter.  En tanto que Bruno grababa o fotografiaba todo lo ocurrido, Felipe hacia que esta vez fuese su  pie el que lamiera, siempre con el pepino en el ano, hasta que Felipe decidió que ya era suficiente.


Capítulo IV

Violación

Llegó  la hora de que mi agujero fuese ocupado por otro cilindro, esta vez, lo que había sospechado desde un comienzo de la velada se hizo realidad, y Felipe con sus bolas llenas de esperma y satisfecho ya de jugar conmigo se colocó detras mío, sentí la punta de su verga en la entrada del ano, su calor, su palpitación, solo con el rose de su glande podía adivinar su estado de excitación, lo duro de su miembro que estaba a punto de reventar solo anticipaba lo dura que se venía la cosa para mí. 
No habría tacto, delicadeza ni cuidado, no habría carias ni besos, menos sentimiento solo pasión, lujuria mezclada (creo) con ira, no se por que, pero así fue… con la primera envestida me calzo su cabezona y pietra verga en toda su extensión, cada centímetro de su dura carne se alojo en mi recto tras de su enorme cabeza que extrañamente es más grande que el cuerpo de su pene, lo que evidentemente no es algo que facilite una entrada indolora.


Así su enorme glande abrió camino dentro de mis entrañas…pese a haber sido preparado primero con el pepino, igual hubo dolor más cuando su cabezota parecía golpear mi próstata con cada envestida, la curvatura de  su pene hacia que ahora, ese órgano fuese el castigado, mis quejidos se sucedieron unos tras otro y a Felipe no le importó , es mas creo que le gustó, como a Bruno que presenciaba todo el espectáculo de diferentes ángulos, no quería perder detalle de cómo Felipe me terminaba por violar con sus movimientos fuerte intensos profundos que hacían estragos en mi interior, la fuerza de las envestidas terminaron por botarme sobre la colchoneta y Felipe seguía cabalgándome mientras  yo trataba de huir de su golpeadora punta obviamente sin éxito, nunca salió su verga de mi interior mientras me cabalgó hasta que al final luego de varios minutos meneando su falo revolviéndome los intestinos y de unas envestidas finales más profundas que las anteriores lo sacó, había acabado por fin, mientras mi culo ardía por el rose frenético  de Felipe y mi vientre dolorido por el golpeteo y el cansancio me dejaron tendido sobre aquel impío lecho. 
Pese a que Felipe también quedo exhausto, eso no significo que yo tuviese descanso, Bruno también quería satisfacerse,  y por fin su verga logró lo que en un comienzo las mordazas no lo dejaron, colocándose de rodillas frente a mí que yacía recostado aun jadeando, me tomo del cabello y me levanto y con voz áspera me ordeno, - Chupa!- luego una bofetada me despabiló y a la segunda orden me dí a la tarea de mamar la verga de Bruno durante todo el tiempo que este quiso. 
Cuando por fin se hubo cansado de que se la mamara me ordeno que le volviese a lamer los pies, lo que hice sin protestar y con la dedicación que Bruno requería, debía esmerarme en satisfacer a mis amos pese al cansancio y así evitar más castigos, pero por más empeño que ponía siempre había alguno que se molestaba por algo y recibía mi castigo, así, mientras satisfacía al amo Bruno con el relajo que le produce el lavado de pies, el amo Felipe nuevamente se calentó y me volvió a clavar su verga, meneándola con rabia tan fuerte y rápido que volvió a acabar sin quererlo dentro de mí, al parecer quería depositar su semen en otra parte de mi cuerpo pero no alcanzo a sacar su verga de mi culo cuando volvió a estallar, eso lo hizo enfurecer y empezó a desgarrarme la ropa, primero terminó por arrancarme los pantalones y el sleep con el que improvisó su primer flagelo azotándome nalgas y piernas, luego me desgarro la camiseta y  ahora usando los girones de ella continuo azotándome entero, partiendo por la espalda para luego volver a las nalgas y piernas en donde uno de sus latigazos de género fueron a caer sobre mis testículos causándome un dolor máximo, el que me hizo dar un grito ahogado de dolor, y fue ahogado porque el amo Bruno no dejo que parara de lamer sus pies mientras el amo Felipe me castigaba, así que me recogí lo mas que pude, escondiendo mis genitales entre mis piernas y usándolas de protección junto con los glúteos, los que evidentemente estaban mejor preparados para soportar el castigo de mi iracundo amo, al parecer mi sufrimiento los calma a ambos porque luego el amo Felipe llamo al amo Bruno muy relajadamente y abriéndome los glúteos le mostraba mi ano, escupiéndolo ambos, luego extendiendo su mano por entre mis piernas sacando de su escondite mis genitales junto a mi verga para mostrárselos a su amigo, quien no se había percatado o no recordaba que las tenia amarradas como un arrollado, así gozaban ambos, viéndome como un pedazo de carne, un embutido, o como un perro con las bolas atrás.

Luego de una pausa Bruno soltó la cadena que unía el collar  que me habían puesto en el cuello con un gancho anclado en el suelo, pero solo desde el extremo que se unía al suelo permaneciendo unida la cadena al collar, la jaló haciéndome incorporar, una vez de pie, la jaló nuevamente y me hizo caminar, saliendo de aquella habitación solo los dos ya que el amo Felipe se quedo en el pequeño cuarto fumando su cigarrillo. 


Bruno me llevo hasta el baño y me metió en la tina, en donde me ordeno ponerme de cuclillas, bajó la ducha teléfono y la puso en mi ano y dejo correr el agua a gran potencia la cual debido a la gran presión con la que salía y al hecho de que el pepino y las repetidas penetraciones del amo Felipe me habían dilatado, se introdujo sin dificultad al interior de mis tripas, ordenándome el amo Bruno no dejar caer el agua, así tuve que aguantar un instante hasta que el Sr.Bruno me saco de la tina y me puso en el inodoro y me ordeno botar el agua de esa forma sutil que tiene para pedir las cosas.


- Caga maricón!-  y así lo hice, luego me metió nuevamente a la tina y repitió la operación, al cabo de un rato cuando el agua que salía por mi esfínter era tan transparente como la que entraba, me volvió a meter en la tina y me quitó el collar,  me ordenó estar de rodillas y, antes de que me diera cuenta un chorro potente, oscuro, y tibio de orina se descargo sobre mi oído, en un acto reflejo y para que no me entrase por la oreja moví la cabeza y el chorro cayó en mi rostro y boca, pudiendo sentir el agrio sabor de aquel liquido, el que trataba de escupir, pero para evitar que me siguiese cayendo en la boca levanté la cabeza y el chorro bañaba mi pecho, al cabo de un rato el amo Bruno me ordeno ponerme en cuatro patas y su meo se esparcía ahora por mi espalda bañándome completamente, al terminar me dijo, - Ahora te lavas nuevamente el culo una vez más como te lo hice y luego te bañas bien bañado y vuelves al cuarto… oíste?- 

-Si  Señor-, respondí temblando de rabia, de miedo y de frío. Al partir el Sr. Bruno hice lo que me ordenaron y me duche con agua tibia, por lo menos no me prohibieron eso, el agua me relajo un poco y me limpió el cuerpo, pero no el alma, ni el orgullo que había sido pisoteado de una forma que nunca me imagine que podría pasarme. 

Al salir del baño me di cuenta que los Srs. Bruno y Felipe estaban distraídos conversando y la puerta de salida estaba a unos cuantos metros de distancia, pensé en escapar pero el hecho de estar engrillado en las muñecas y con el cuerpo totalmente desnudo, me hizo titubear un instante, en eso el Señor  Bruno se percató que estaba parado fuera del baño y velozmente se puso frente a mí y me dice - Qué estas pensando putita ha?  Qué estás haciendo acá parado en la oscuridad? No te ordene que fueras inmediatamente al cuarto?” - dicho esto y luego de darme un palmazo en la nuca, jaló de mis grilletes y me metió nuevamente en el cuarto, allí nuevamente me pusieron el collar y la venda en los ojos y me encadenaron al piso colocándome a cuatro patas, volvieron a jugar con mi ano y el pepino volvió a alojarse en él  pero por un breve momento,  solo para introducirme  otra cosa, una esfera, no sé de que material, de un tamaño intermedio entre una pelota de tenis y una de pin pon, lo que era lo bastante grande para entrar con dificultad y más difícil para salir, ahora sí mis temores se justificaban más aun, pese a que Felipe tomo la precaución  de introducirla dentro de un condón cuyo extremo salía de mi culo como un cabo de salvación, el que permitiría su extracción posterior, no obstante mis miedos iban en aumento y rogaba porque me sacaran aquella bola pero lejos de ser escuchado solo fui objeto de burla, y castigos para que me callase.
 

Así  con el culo levantado sentí como ambos se colocaban detrás de mí, uno de ellos me introdujo su verga, mientras la bola continuaba en mi interior, el miedo porque el pene terminara por introducir el extremo del condón que rescataría la bola, me tenía muy afligido, pero la aflicción por la bola la olvide cuando me percate que el segundo amo se estaba poniendo en posición para también introducir su verga y temí un dolor máximo y ser desgarrado al pensar que intentarían una penetración doble, afortunadamente para mí las maniobras no fructificaron y desistieron del intento, entonces el amo Felipe se puso frente  a mí , desencadenándome del piso para que pudiera levantar la cabeza y estuviese en cuatro,  acto seguido introdujo su verga en mi boca. Y se pusieron a follarme por ambos lados, boca y culo los tenia llenos de carne, la respiración se me dificultaba por la verga del amo Felipe que en ocasiones me obstruye todo paso de aire, a su vez las embestidas del amo Bruno no podían sacar los gritos que seguro esperaba porque todos eran  ahogados por la verga del más joven de los machos que me follaban, logrando emitir solo sordos ruidos guturales, luego se turnaban para uno estar detrás y el otro delante, después de un rato ya no sabía de quien era la verga que chupaba ni quién era el que me taladraba el orto, ya que ambos lo hacían con inusitado vigor, se notaba que estaban extremadamente excitados y el tiempo transcurría y transcurría sin que ninguno acabase, o puede que lo hayan hecho sin darme yo cuenta, en aquellos instantes en que cambiaban de posición pero el estado en el que me encontraba no permitía darme cuenta de muchas cosas, pero hay algo que debo reconocer en ciertos pasajes de toda esta velada sentí excitación, por ejemplo cuando Felipe me amarro las bolas y el pene creo que lo tenía morcilloso y al finalizar su tarea sin querer lo tenía erecto lo que acentuó mi dolor, pero lo más extraño es que pese a todo el daño que me había causado, creo que seguía teniendo sentimientos encontrados hacia él, es más mientras ambos amos me penetraban (por boca y culo) escuchaba como por sobre mi ellos se besaban apasionadamente lo que me hizo sentir extraño y ahora con la perspectiva que me da el tiempo y en realidad no paso mucho antes  de que me auto analizara, me di cuenta de que lo que sentí fueron celos, celos de que la primera vez que estuvimos juntos fue tan mezquino con sus besos en cambio ahora al amo Bruno lo besaba con una pasión que el ruido que emitían no era ocultado por ninguno de los otros que surgían de esa habitación, todo ello aumentaba mi calvario… el dolor corporal, la humillación y ahora los celos, todo se hacía más penoso aun. 

Cuando ambos quedaron por fin sexualmente satisfechos, descansaron un instante, lo que agradecí profundamente, pero la noche aun no terminaba y ellos tenían muchas prácticas y juegos y artefactos para mi, agotado el apetito sexual, seguían con el hambre de sadismo, es así como el amo Felipe luego de sacarme la bola del culo de un jalón, me ato nuevamente pero esta vez no me inmovilizo pero si me ató el cuerpo entero, dejándome  como un arrollado de carne, me pusieron unas muñequeras y tobilleras de cuero en mis extremidades y luego me encadenaron en forma de X a la pared.


Allí se dieron al placer de torturarme, peñiscandome las tetillas y el cuerpo con diferentes artefactos o pinzas de todo tipo, unas más dolorosas que otras, luego sin haber yo hecho nada me azotaron el culo, las piernas y la espalda con una especie de correa gruesa o paleta de cuero, la que posteriormente iban cambiando por otros artefactos, más delgados, más largos, etc. 

Así estuvieron el resto de lo que quedaba de noche, alternando entre torturas y sexo duro, finalmente al aclarar la mañana y ya cansados, me soltaron, me quitaron el collar, me arrojaron mis harapos al rostro y el resto de mis cosas al suelo cerca de mis pies y me ordenaron irme.


Pensé en pedirles algo de ropa para no irme con aquellos trapos y transitar por las calles como vagabundo, pero el miedo de volver a perder la libertad que me estaban devolviendo y la sumisión adquirida a lo largo de esa noche hizo que en silencio recogiera mis cosas me colocara  la chaqueta a la cintura que  junto a mis zapatillas fue lo único que sobrevivió indemne, con la cabeza gacha con las manos por delante portando mis documentos, teléfono y llaves ayudando a las mangas de la chaqueta a ocultar mi masculinidad, el torso desnudo y marcado por el castigo, abandoné aquel departamento que me transformó, en una muy fresca mañana de Santiago  que erizaba mis escasos bellos y endurecía mis tetillas.
En la actualidad tengo mi pareja que me cura el alma con sus afectos pero también juego con pendejos guarros, pasivos y sumisos simulando que son mis víctimas y que  los violo, cobrándome simbólicamente en ellos revancha de aquella noche, fabricando nuevos recuerdos que algún día les contaré, pero de vez en cuando suena mi celular con un ringtone característico que el mismo amo Felipe introdujo en la entrada de su perfil para sus llamadas y mensajes, con la música que sonó durante toda aquella noche y solo basta con escucharlo para involuntariamente y sin poder controlarme, esté donde esté, me orine en los pantalones, porque sé que llegará el siguiente mensaje que no podre dejar de obedecer :
Usted tiene un nuevo mensaje recibido de:
Amo Felipe:
“puto este fin de semana te quiero en Santiago, con Bruno tenemos ganas de jugar contigo”

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