23/9/15

Morbosos latigazos en el lomo


"No sé exactamente porque se popularizó más el spanking en las nalgas que los azotes en la espalda. 
Supongo que por que éstos últimos se han relacionado conceptualmente con castigo a un reo y las nalgadas se relacionaron con el concepto de rectificación parental. 
Quizá sea una cuestión psicológica en la que el "chas chas" del padre en la cola de su hijo pueda ser una situación relacionada con lo erótico, mientras que en el caso del reo siendo azotado pueda ser una situación más relacionado con lo morboso. 
Y en el común de la gente lo erótico es "socialmente más aceptable" que lo morboso. 
La espalda siempre tiene un sabor especial y diferente al de las nalgas."

"Es interesante sentir las caricias de las tiras de cuero derramándose por el surco de la columna y pasar por el culo hasta llegar a los genitales. 
Es muy intenso cuando las puntas del látigo se arquean en el golpe y llegan hasta la piel debajo de las axilas o del pecho.
La espalda requiere cierta destreza y conlleva más riesgos."

"A mí, personalmente, me gusta más castigar la espalda. 
A muchos puede parecer hecho para mantecas, pero es bueno colocar una remera fina, para acostumbrar al afortunado sumiso y que aprenda a disfrutar.
Siguiendo a carne, la espalda tiene una connotación de castigo al reo e indefensión ante un poder que yo llamaría lejano, intocable, donde las distancias son prácticamente infranqueables... mejor dejo de escribir porque me pongo un tanto feroz."

"Es verdad que se suelen golpear más las nalgas por ser el lugar menos expuesto y porque las marcas en la espalda se hacen fácilmente y duran más. 
También es verdad que azotar las nalgas implica más un acto de sumisión o humillación (situación padre, hijo) mientras que en la espalda puede ser un castigo no aceptado (el reo que es castigado en ningún momento se siente vinculado afectiva o sexualmente al verdugo). 
Los sumisos percibimos de esta manera los azotes que recibimos: los recibidos en la cintura, el vientre o en la espalda próxima a la cintura, conllevan además del dolor una sensación desagradable, tal vez una respuesta de nuestro organismo al afectar a zonas de peligro. 
Quizá por la misma razón, también los Amos tienden intuitivamente a no golpear estas zonas, excepto en casos de Amos muy crueles (he conocido algunos) y/o muy inexpertos (por suerte no lo eran los que conocí). 
Finalmente, a pesar de las consideraciones sicológicas, también me excitan mucho los azotes en la zona alta de la espalda, en el pecho y aplicados un poco más suavemente en el pubis, el sexo y la cara interna de los muslos. 
¡Ah! Perdón se me olvidaba, para mí es un orgullo exhibir las marcas producidas u ordenadas por mi Amo."

Estos son testimonios recogidos de un foro especializado en BDSM


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