12/7/20

El Cazador de talentos descubre un diamante en bruto

Apenas habló cuando lo recogí. Por la forma en que me miraba, me di cuenta de que este chico estaba perdido y necesitaba desesperadamente el toque de un hombre. Su carácter sumiso era uno de los más fuertes que había visto en mi vida, y estaba ansioso por probar sus habilidades. Cuando lo desnudé, me sorprendió lo perfecta y suave que era su piel. Tensa sobre sus músculos. Delgado, en su cuerpo no había dónde esconderse el dolor o el placer. Cada toque, cada beso, cada azote encontraría su camino profundo dentro de él. De solo imaginarlo mi verga se puso dura, sabía que a mis compradores les encantaría un niño tan sensible para azotar.
Cuando castigué su pecho hizo una mueca, pero aceptó el golpe. Una verdadera alma generosa. La piel se enrojeció dejando una perfecta huella de cinco dedos. Era hermoso y quería a este chico para mí; pero sé que no debo consumir mis propia mercadería. Lo puse de rodillas y él acercó su cabeza a mi entrepierna. Podía escucharlo respirar el almizcle que se filtraba por mis testículos. No pedía, pero quería. Como no le había dado permiso para disfrutarme le dí una bofetada, sintiendo mi mano grande y ancha encontrarse con su cara suave y estrecha. Su respuesta fue intoxicante. Con una serie de pruebas quería evaluar su fuerza de voluntad. Primero con los pezones. Todos los chicos tienen vulnerables a estas pequeñas protuberancias, pero no todos son especialmente sensibles. Algunos requieren tiempo y entrenamiento para serlo. Pero aún así, son puntos perfectos de tortura. Torcerlos y mordelos puede ser tan efectivo como cualquier otro flagelo.
Mientras pasaba mis dedos sobre su pecho, aumenté la presión y la intensidad, queriendo ver cuánto podía soportar. Me sorprendió lo duro que podía ir antes de que él pidiera piedad. Una vez más, no con palabras, sino con sus sonidos respiratorios, desesperados y sumisos. Fue como entrenar a un nuevo cachorro, incapaz de hablar. Cuando llegó a su límite, le di un buen golpe en el pecho. La siguiente prueba involucró sus bolas. Las agarré en mi mano como si fueran el pomo de una puerta. Las apreté, suavemente al principio, sintiendo su firmeza y calidez en mi mano. Las giré, poco a poco, girándolos hasta que parecían dos uvas duras a punto de ser arrancadas de la vid. Y justo antes de que lagrimeara, las solté...
Y por último, mi prueba favorita ... su culo. El ojete de un chico es su posesión más preciada. Para nuestros propósitos, es su verdadero órgano sexual. No el pene como le habían dicho toda su vida, sino el orificio que se hizo para recibir las cargas de sus futuros dueños. Algunos serán suaves, otros serán duros, pero todos deben estar satisfechos con el agujero de su propiedad. Poniéndolo sobre su espalda, miré su perfecto fruncido, preparado y listo para ser usado a mi discreción. Puse una sonda de vidrio en su agujero, sostenida en su lugar por sus nalgas suaves y lisas. Pasé mis manos sobre ellas, sintiendo su calidad mientras él se mantenía obedientemente en su lugar. Alcanzando el lubricante, lo pasé sobre su pene antes de gotearlo sobre su ano.
El brillo que desprendía su piel lechosa sería suficiente para la mayoría de los mejores compradores. Pero necesitaba una inspección más exhaustiva de sus activos ..


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