19/3/16

La vida en un Reformatorio


Un reformatorio es un establecimiento correccional donde se intenta rehabilitar y educar a menores de edad que han cometido algún delito, y donde ahí habitan por el tiempo que se haya dictado. 
Básicamente trata del encarcelamiento con fines de transformación de la conducta.
Quienes vivieron en los reformatorios y quienes ascendieron luego a los infiernos de los penales, coinciden en remarcar que en uno y otro sitio se da la misma organización interna, con sus mitos, prejuicios y supersticiones.
Los jóvenes sufren sistemáticamente abusos sexuales y torturas físicas en reformatorios.


Las autoridades generalmente no hacen nada para detener las golpizas y las violaciones.
En la mayoría de estos institutos prevalecen los dormitorios o pabellones, donde se nuclean para compartir la comida, los juegos y las interminables charlas del hastío, seis o siete adolescentes bajo la mirada protectora de un Líder.


Este personaje es por lo general quien posee más fuerza física, mayor cantidad de años y, por lo tanto, más experiencia.
El Líder no crea las necesidades del grupo, las encuentra dadas y su función se limita a canalizarlas. 
En los reformatorios suele tener su propio puto pasivo, algún que otro sirviente que lava la ropa y cocina para todos.


Todo se vende, se compra o se arrebata en los reformatorios, especialmente el sexo.
El drama suele comenzar con una ceremonia de iniciación durante la cual se viola para humillar.
Más tarde se permuta el sexo por la protección, que invariablemente ofrece un Padrino, o muchacho mayor. 
No se trata ya de humillación, sino de goce sexual.
Algunos jóvenes se definen allí adentro como homosexuales.


La abstinencia, el onanismo y la pérdida de identidad sexual, dan una idea cabal del grado de represión y perversidad que cunde en el interior de estos institutos.
La situación sexual que se vive en el encierro crea agudos problemas.
La contención y la abstinencia forzosa de la libido crea una atmósfera cargada de sensualismo que suele derivar en actos de perversión y violencia inimaginables.


Según los propios habitantes de estos institutos correccionales, el único requisito que se exige para cubrir un puesto de celador es saber respirar.
Confesó un ex interno: No puedo evitar un estremecimiento al recordar la crueldad y el sadismo de que eran capaces esos Maestros, nos aplicaban torturas sin hacer discriminaciones y sin demostrar piedad alguna. 

Fuentes; Wikipedia, Miguel Nuñez, Victor Irurzún, Elias Neuman, Enrique Medina, Der Tagesspiegel. El Tiempo.

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