4/10/15

Mi Jefe, mi Amo

"Cuando me entrevistó el primer día para acceder al puesto de trabajo, no podía imaginar que acabaría totalmente enamorado de Él”.
Este testimonio es el principio de uno de tantos, de muchos que reconocen haberse sentido atraídos por sus jefes.
¿Admiración, aspiración o amor?
“Buscar el origen de esta atracción respondiendo a esta pregunta no es sencillo.
Cada caso es un mundo, pero lo que sí es cierto es que todos tienen algo en común: la sombra del poder”, afirma el sociólogo Pablo Maganto.
Si efectivamente seguimos la pista del poder para desentramar el por qué alguien puede llegar a caer rendido ante su Jefe,
tendríamos que comenzar con saber qué significa poder: el diccionario de la Real Academia nos remite a la capacidad de hacer algo,
y a esto hay que unirle el hecho de tener la fuerza para hacerlo.
“Muchas veces, cuando está reunido en el despacho que tengo enfrente de mi mesa, me quedo observándole fijamente aprovechando que Él piensa que yo leo algo en la pantalla de mi ordenador.
Me atrae de esta manera porque sé que es imposible, ya que se muestra totalmente indiferente hacia mí”,
confiesa un joven auditor que trabaja en una gran multinacional.
Como cuenta un secretario, “Me fascinaba el tipo estilo de vida que llevaba, la fluida comunicación que existía entre los dos, y, sobre todo, que ha sido la única persona capaz de sacar lo mejor de mí.
Me sentía totalmente realizado con El. Y nadie había conseguido eso, ni siquiera la pareja con la que por aquel entonces llevaba ocho años”.
El ver al otro como alguien poderoso, inalcanzable, prohibido intensifica el deseo y la obsesión.
Las relaciones con los subordinados no están bien vistas en el ámbito laboral: ni por parte de la empresa que considera que cuestiona la ética profesional y personal de los trabajadores, ni por parte del resto de los empleados que consideran que el que se acuesta con el jefe es un trepa que sólo busca favoritismos y ascensos.
El jefe ostenta el poder y, salvo que se consiga que coma de nuestras manos, estamos en las suyas.
¿Qué ocurriría ante una ruptura?
La mayoría son sujetos sin escrúpulos a los que no les importa pisar cabezas para seguir donde están, con la frialdad suficiente como para considerarte un recurso humano de la empresa.
Si decide romper, puede considerar que la presencia de su subordinado sea perjudicial para Él y hacerle la vida imposible para que deje la empresa;
lo mismo puede ocurrir si el subordinado decide acabar con la relación: el despecho sumado al control de poder: aterrador.
El sumiso cede libremente su cuerpo y su mente a su Jefe para que haga lo que crea más conveniente con el convencimiento de que lo que haga será, también, por su propio placer y por su bien.
Los castigos y los premios no tienen que ser siempre justificados.
Uno de los atractivos de este divertimento es que sean arbitrarios y que pillen por sorpresa al dominado.

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