31/7/15

Confesando pecados


La práctica de los sacerdotes de seducir aquellos que acuden a confesar sus pecados se denomina "solitatio ad turpia".
Los curas condenados al celibato encuentran irresistible la tentación de tener un joven arrodillado a sus pies confesando sus pecados.
A mediados del siglo XVI se inventó el confensionario con caja y rejilla, no obstante y sobre todo en los conventos los confesionarios son pequeños aposentos con unas puertas que el confesor puede cerrar por dentro lo que propicia ocasiones para los abusos.

"Se arrodilló en el confesionario y dijo: «Bendígame, padre, porque he pecado».
El sacerdote atisbó entonces su rostro a través de la celosía y dijo: «Ah, pero si eres tú».
Y se decidió a pedirle el miembro pecador para purificarlo con un beso.
Continuó empapando con su santa saliva el ano culpable de encender los sentimientos impuros del desdichado pecador.
Antes de bendecir el rostro del  pecador absuelto con su generosa leche, debió castigar al ojete impío atravesándolo con su dura espada justiciera."



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