31/8/12

El sabor del spank

 
"Que buen sabor el recuerdo como un bien merecido por un mal comportamiento o simplemente porque es el juego favorito de la persona que nos las está dando en ese momento el Zuasssss... de una buena nalgada. 


Como olvidar aquellas palabras que tanto nos gusta previas a aquel momento:
"Sabes que haz sido malo y te mereces esto" 


Y es que son tantos recuerdos que me llegan de esos momentos, que de tan solo escribir estás lineas me voy estremeciendo. 
Para mi el spanking como placer o castigo es la forma más sensual de decir: 
"Soy tuyo, te pertenezco" 



 El sentir como a uno se le va poniendo el cuerpo, la mirada penetrante de quien en breves momentos tendrá tu trasero en sus piernas, en cuatro, de pie. inclinado, o como le apetezca en el momento, el sentir como te va recorriendo todo tu cuerpo, el como de manera veloz o pausada va haciendo que llores, gimas o te den ganas de evadir el aleteo de la mano, la correa o el cuero, y luego sentir que detrás de cada palmada sientes el escozor, y lo calentito que se ta va poniendo, el estar en tal posición que te mueres de la pena-verguenza, sentirte humillado, tratado como chiquillo o como el mayor objeto de deseo. 



 En fin, solo recordar lo que para cada uno, incluso para ellos, es el sabor de lo que nos une en este fuerte deseo."

Bella
( de su blog: http://spankingvenezuela.blogspot.com )

Historias del Fetish Club - 13 -


La noche del último Viernes del mes es muy especial en el Fetish Club.
Los Amos dejan a sus perras tiradas en los slings y cualquiera de los Machos presentes
puede quitarles el rabo de goma de los ojetes y usarlas a gusto.


Como moscardones se apiñan los Machos junto a los slings en los que están los mejores culos.


Al amanecer del Sábado algunas putas perras no pueden mantenerse en pie.



Soldado / El trio

"Raúl cerraba los ojos como para hacer más fuerza para relajar y vencer la resistencia de su cuerpo a dejarse poseer por la mano de su dueño y Dani, más flexible, respiraba profundamente deseoso de ser una marioneta manejada por por su amo como un guante. 



Y por fin empezaron a desaparecer las dos manos de José en los cuerpos de sus esclavos y los dos gemían tranquilamente, sin espasmos, y notaban que sus cuerpos eran manejados como muñeco de un guiñol. 
El amo profundizó más adentro y movía lentamente sus manos por el recto de los chavales y las sacó de nuevo pero ya no las introdujo abiertas sino que les clavó los puños, que entraron sin ninguna dificultad. Los fisteó un buen rato y los críos sentían que sus pollas querían correrse sin estrépito y de manera discreta, notando el roce continuo de la mano cerrada de su amo paseándose por sus tripas."

Si pinchas la imagen puedes entrar a leer el capítulo 35 de esta historia del Maestro Andreas

29/8/12

Cuando te rajan el jean


Cuando te entregas para que jueguen a su antojo contigo, 
y en presencia de todos los parroquianos de un bar del ambiente, te rajan el jean con una navaja... 
las piernas te tiemblan y el ojete se te humedece anticipándote al dolor y al placer de soportar una serie de duras folladas.

Los dos sádicos rompieron el pacto

"Dos hombres se anunciaban como amos. para los siervos que creyesen que lo habían probado todo en el ramo del dolor y quisieran convencerse de que los peores castigos no se le habían pasado todavía por la cabeza. 
Musculosos, insaciables, higiénicos, y con barba los dos. 


Alguien de Fuentlabrada que contestó al anuncio se citó con ellos en una whiskería de Alonso Martínez, se gustaron, pero los amos no disponían de lugar de encuentro. 

El joven masoquista de Fuenlabrada tampoco, pero los dos hombres le calentaron tanto diciéndole lo que le iban a hacer y cómo estaban ellos de buenos debajo del uniforme de cuero negro que el muchacho se atrevió a llevarles a la ferretería de la calle Mayor donde trabajaba como dependiente y de la que tenía llaves. 

Se desnudó en la trastienda, le pusieron esposas en las muñecas, metió su cabeza en una máscara de cuero sin ranuras que ellos llevaban, y se puso a esperar el castigo pactado. 

 
Los dos tipos barbudos sacaron inesperadamente un garfio, que le clavaron en un hombro, el chico gritó, lo que entraba dentro del reglamento del placer, pero como la sangre no estaba prevista, sus chillidos fueron a más, y los oyó el dueño de la tienda, que vivía en el entresuelo del edificio. 

Llamó a la policía, que por una vez vino pronto. 
Bajó a abrirles la rejilla metálica, entraron los agentes sigilosos, sorprendieron a los verdugos disfrutando del cuerpo que chorreaba sangre."

Vicente Molina Foix
Fragmento de "El vampiro de la calle Méjico"